El aeropuerto internacional de Lisboa luce viejo al descender el vuelo que une Orly, al sur de París, con la capital portuguesa. Poca luz natural, cielos bajos y dos pistas de aterrizaje superpuestas —que dificultan los aterrizajes simultáneos— entregan una falsa primera imagen. Errada, porque a pesar de la estrechez de algunos de sus pasillos, el principal terminal de Portugal no se ve colapsado aun considerando sus casi 20 millones de pasajeros anuales, una cifra levemente superior a lo que recibe el Arturo Merino Benítez de Santiago, pero cuyo desempeño es el opuesto al del Portela, el aeropuerto de Lisboa.

Cuando a fines de 2012 el holding francés Vinci compró 10 aeropuertos en Portugal, entre ellos el de Lisboa, comenzó a hacer cambios inmediatos en la capital. Si querían poner al aeropuerto en el mapa como uno de importantes conexiones internacionales, debían actuar rápido y no depender de futuros edificios. Invirtieron en mejores tecnologías para el tráfico de aviones, movieron los vuelos low cost a un segundo terminal, el cual estaba en desuso, reorientaron el flujo de los pasajeros internacionales y modificaron la disposición de las tiendas en un moderno edificio, con el fin de descomprimir un terminal que estaba al borde de la saturación. El resultado salta a la vista y Lisboa sigue con espacio para recibir a más pasajeros, aun cuando su tráfico crece a tasas de dos dígitos año tras año. Pronto vendrá un moderno terminal para expandir las operaciones.

Lisboa fue el primer ejercicio de esta magnitud para Vinci Airports, la filial creada hace cuatro años para manejar esta creciente área de negocios. La misma que hoy tiene el 40% de las acciones de Nuevo Pudahuel, el consorcio que levantará el nuevo terminal internacional en Santiago, previa inversión de US$ 930 millones. El otro 45% lo detenta la firma gala Groupe ADP, y el 15% restante la constructora italiana Astaldi. Y gracias a la experiencia lusa, Vinci comenzó a mejorar el actual terminal de Santiago —diseñado para 15 millones de pasajeros anuales— mientras se inicia la construcción de los nuevos puentes de embarque, previstos para ser entregados, en su totalidad, a fines de 2020. En unas semanas más, en una ceremonia a la cual fue invitada la presidenta Bachelet, Nuevo Pudahuel comenzará la construcción de un moderno edificio que permita albergar a 30 millones de pasajeros.

La experiencia en Santiago, el proyecto más grande en aeropuertos que han tomado Groupe ADP y Vinci Airports fuera de Francia, no sólo decidirá el éxito de esta unión entre las dos compañías galas, sino, además, será el trampolín para el plan de crecimiento de cada una de ellas en la región. Ambas ya han puesto sus fichas —por separado— en el continente.

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FUENTE: REVISTA QUÉ PASA